Adónde me lleve el viento me iré, no quiero más esta absurda inercia que me detiene en un lugar donde ya no quiero estar. Quiero partir, por ahora en el sentido geográfico de la palabra, a otros sitios, a conocer nuevos lugares, donde la naturaleza se me muestre en todo su esplendor, donde el sol entibie mi piel y pueda oir el trino de los pájaros. Busco un lugar escondido en un bosque, una cabaña en medio de él, si es posible de eucaliptus. Su majestuosidad, el perfume de sus hojas y sus troncos tan altos y esa extraña forma de cáscara de colores que les sale en el tronco, que los hacen especiales a la vista, me atraen particularmente. Seguramente porque me recuerdan mi niñez en lo de mis abuelos.
A ese lugar llegaría, descansaría un poco apenas y luego saldría a caminar, o tomaría mi bicicleta y montada en ella recorrería el bosque, dispuesta a sentir la brisa rozando mi piel y todas las fragancias adhiriéndose a ella. Cuánta necesidad de verde, de sonidos naturales, de pájaros, de susurro del viento... de naturaleza tengo.
Creo que lo que ha pasado en mí, es que tanto he sido golpeada en la vida desde que nací, y tanto dolor siente todo mi cuerpo y toda mi alma por tantos sinsabores, que no encuentro otra salida, o mejor dicho sí hay otra, o regreso a la madre naturaleza de la manera más profunda... o lo termino todo...
Melan
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